Gastronomía · Boston

Boston Table: los restaurantes que están cambiando la alta cocina americana

Por Claudia Ferreira — Crítica Gastronómica Marzo 2024 8 min de lectura
Sala de restaurante de alta cocina en Boston con mesas de mármol blanco, sillas de terciopelo verde botella, iluminación de candelabros modernos en latón y paredes con paneles de roble natural oscuro

Boston ha vivido, en los últimos seis años, una transformación gastronómica que sus propios residentes no terminan de procesar. La ciudad que la mayoría del mundo anglosajón asocia al baked bean y al chowder ha emergido como uno de los tres o cuatro epicentros más activos de la alta cocina americana, con una generación de chefs que combinan formación europea, ingredientes de New England y una actitud creativa que desafía cualquier encasillamiento geográfico o técnico.

Esta crónica recorre los establecimientos más significativos del mapa gastronómico de Boston en 2024. No es una lista de mejores restaurantes —ese formato nos parece reduccionista— sino un análisis de propuestas culinarias que revelan algo sobre el estado actual de la alta cocina en la Costa Este.

Oleander, Back Bay

El chef Daniel Sørensen, danés de origen pero formado en las cocinas de Daniel Humm en Nueva York y de Rasmus Kofoed en Copenhague, abrió Oleander en 2021 en un espacio de Back Bay que antes albergó un banco. Las columnas de mármol originales del edificio y los techos de siete metros de altura crean un marco arquitectónico que Sørensen ha decidido no combatir sino dialogar: mesas austeras de roble danés, vajilla de grès artesanal de Vermont y un menú de nueve tiempos que cambia cada seis semanas.

La cocina de Sørensen está profundamente enraizada en el concepto nórdico de terroir aplicado a Nueva Inglaterra: algas del Atlántico Norte, ostras de Wellfleet, moras silvestres de los pantanos de Cape Cod. Pero la ejecución técnica trasciende cualquier localismo: el tartar de venado de Vermont con vinagreta de kombu y nieve de sidra de manzana del condado de Franklin es, en la experiencia de esta crítica, uno de los platos más coherentes conceptualmente que se pueden comer en la ciudad en este momento.

"Boston tiene el agua, el campo y la historia. Lo que tardó en tener fueron cocineros dispuestos a mirar hacia adentro en lugar de hacia Europa o hacia la costa oeste." — Daniel Sørensen, Oleander

Mira, South End

El South End ha sido durante dos décadas el barrio de la diversidad gastronómica bostoniana. Mira, abierto por la chef Adriana Ruiz Castillo en 2022, ha convertido ese capital de diversidad en alta cocina. Ruiz Castillo, mexicana de Oaxaca que pasó cuatro años en el Fat Duck de Heston Blumenthal, dirige una cocina que mezcla técnica de vanguardia con el conocimiento ancestral de las cuatro familias oaxaqueñas que suministran sus ingredientes directamente desde México.

El menú de Mira es una conversación entre dos mundos: el de la cocina molecular de alta precisión y el del mercado de abastos de Tlacolula. El mole negro deconstruido servido en siete estadios de temperatura y textura, o las flores de calabaza con espuma de quesillo y polvo de chapulín tostado, son obras de orfebrería culinaria que no hacen concesiones al espectador casual pero recompensan generosamente al que llega preparado.

The Meridian, Financial District

El Financial District de Boston no es exactamente conocido por su audacia gastronómica. The Meridian —instalado en el ático de un edificio de oficinas en Atlantic Avenue, con vistas panorámicas al puerto— representa la excepción que confirma la regla. El chef ejecutivo James Fairfax, californiano con diez años de experiencia en restaurantes con tres estrellas Michelin en San Francisco y París, ha diseñado una propuesta de cocina de producto que privilegia la ligereza sobre la complejidad.

La carta de The Meridian cambia diariamente según el mercado matutino y las capturas del día en los puertos de Gloucester y New Bedford. Esa dependencia de lo disponible crea una experiencia de variabilidad que puede desconcertar a algunos comensales acostumbrados a la carta fija, pero que quienes la aprecian describen como la única manera honesta de cocinar en un radio de veinte kilómetros del Atlántico.

La escena de productores: Una parte fundamental de la transformación gastronómica de Boston es la red de productores artesanales de Nueva Inglaterra que abastece a estos restaurantes: granjas de microvegetales en Worcester County, ahumaderías de pescado en el norte de Maine, queseros artesanales de Vermont y bodegas de vinos naturales en las Berkshires que están produciendo algunas de las referencias más interesantes del Noreste americano.

El factor vino

Ningún análisis de la alta cocina bostoniana estaría completo sin mencionar la revolución paralela en las cartas de vinos. En los tres establecimientos mencionados, los sumilleres han apostado decididamente por productores de pequeñas partidas: el monovarietal de Grüner Veltliner de Anderson's Gap en los Catskills, el Chenin Blanc de granito de Robert N. Stark en los Ozarks o los Gamay de altitude de Willow River Vineyards en Oregon, son señales de un criterio de selección que privilegia la singularidad sobre el reconocimiento de la etiqueta.

Lo que viene después

Cuatro o cinco aperturas confirmadas para 2024 en Boston prometen mantener el impulso: dos de chefs que regresan a la ciudad tras años en el exterior, una propuesta de alta cocina japonesa clásica y una izakaya de alta gama diseñada por un estudio de arquitectura de Kioto. El mapa gastronómico de Boston en 2025 será, con toda probabilidad, irreconocible frente al que existía hace una década.

Para los lectores que planifiquen una visita culinaria a la ciudad, la recomendación de Draxionel es siempre la misma: reserven con al menos dos meses de antelación para los establecimientos mencionados, soliciten la mesa de cocina si está disponible y no lleguen con hambre de certezas. La mejor experiencia gastronómica de Boston en 2024 requiere abrirse a lo inesperado.

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Retrato de Claudia Ferreira, crítica gastronómica de Draxionel, mujer de unos 42 años de piel morena y cabello ondulado, sentada en mesa de restaurante de alta cocina con copa de vino
Claudia Ferreira Crítica Gastronómica — Draxionel

Claudia es crítica gastronómica certificada por el International Food Critics Institute y forma parte del jurado de los New England Culinary Awards desde 2019. Ha visitado más de 340 restaurantes con estrellas Michelin en cuatro continentes.